• MaYte

Cuando encuentras un espejo dónde mirarte

Hace cuatro años mi hija India tenía tres, caminábamos por la calle después de haberla llevado al dentista y me pidió que jugáramos a un juego; ella cerraba los ojos, me daba la mano y yo la guiaba con mi voz para que no chocase con nada. A los pocos minutos de empezar el juego escuché un golpe muy fuerte que me asustó, al mirar hacia mi izquierda vi a mi hija golpeada contra una farola.

Con la voz entrecortada India me recordó que no había hecho bien mi papel en el juego, segundos después comenzó a llorar y apareció un gran bulto en su frente.

Las que sois madres sabréis que su dolor físico me atravesó el corazón y sentí una angustia vital que ni abrazos, ni besos, ni disculpas hacia mi hija atenuaban.

Allí, sentadas en un portal, estuvimos las dos hasta que nos recompusimos.


Aquel día yo había salido de la oficina antes, había dejado muchas "tareas" pendientes y estaba siendo una época díficil para mi en cuanto a compatibilizar mis responsabilidades como madre con las responsabilidades y la exigencia de la función que ocupaba en mi empresa.